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Estamos vinculados/as a nivel inconsciente a creencias y valores que nos limitan y constriñen; el despertar de nuestra consciencia nos favorecerá la liberación de dichas creencias limitantes ofreciéndonos la oportunidad de redescubrir aquello que anhelamos ser.. lo que realmente somos. 

Desde la más tierna infancia –e incluso en otros momentos del ciclo vital-, establecemos acuerdos inconscientes entre las personas. Acuerdos o pactos que en definitiva se traducen en “guardar” fidelidad al clan en cuanto a creencias y valores. Éstos son la tapadera de una olla a presión que esconde grandes secretos familiares; tenemos miedo a destapar esta olla porque todo pueda volcarse y quemar a más de uno, pero igualmente sentimos que la información está hirviendo en nuestro interior y el silencio contribuye  avivar el fuego.

El Pacto implica directamente un acuerdo de lealtad que se aceptará por el inconsciente sin más prerrogativa, incluso podríamos tener la creencia de no haberlo aceptado pero pronto descubrir que a ese nivel inconsciente -sí se “firmó”- o aceptó el mismo. Las consecuencias o efectos negativos que se desprenden de dichos acuerdos inconscientes pueden ser muchos y muy variados según la persona. Autores cómo Salomon Sellam y otros expertos en psicosomática o desprogramación biológica ya decían que “el cuerpo grita lo que la boca calla” o lo que es lo mismo – el cuerpo expresa el alma silenciada-. El pacto queda inscrito, impregnado en nuestro cuerpo causándonos diferentes formas de malestar; tanto es así que en consulta nos encontramos, constantemente, con somatizaciones de esos sentires ocultos (el sobrepeso podría ser una necesidad de protección, o una forma de tapar secretos o vergüenzas; los ojos representarían la capacidad de ver; los dolores de cabeza implicarían una desautorización de uno/a mismo/a; dolores de espalda indicaría que no nos sentimos apoyados, o el cáncer asociado a un profundo resentimiento; y así nos encontramos ante un sin fin de sintomatologías que deberían ser exploradas teniendo en cuenta el estudio de caso por caso revisando el sentir profundo de cada persona).

Cuando se “firma”, simbólicamente hablando, un pacto inconsciente, normalmente, hay más de una persona implicada en dicho acto, aunque también podría ser firmado un pacto en relación con uno/a mismo/a. Esas personas pueden estar presentes en nuestra vida diaria o bien ser personas que ya han fallecido, incluso podría haberse establecido un pacto con una persona que ya estaba muerta cuando nosotros/as nacimos, por ejemplo el caso de un bisabuelo que pensó que su nieto sería su “salvador” asignando dicha expectativa a su descendiente y, de este modo, el nieto heredó esa emoción e incluso el deseo del bisabuelo se convirtió en su proyecto sentido. 

Por tanto podemos decir que los pactos inconscientes nos atan, nos amarran, nos vinculan, nos comprometen, nos dictan, nos obligan. Aceptamos dichas prescripciones creyendo que no hay salida, que seremos castigados/as o lo que es peor que no seremos amados/as por los nuestros. Estos pactos pueden ser escritos o verbales, o simplemente ser transmitidos a través del inconsciente colectivo y el árbol transgeneracional. La información emocional vivida por los miembros de nuestro árbol familiar corre por nuestras venas, por nuestras células; tanto es así que estos secretos formarán parte de nuestras vidas, nos acompañaran en nuestro quehacer diario.

A un nivel profundo los pactos tienen como objetivo mantener el estatus quo a fin de perpetuar un sistema de creencias familiares gestado en un contexto social y cultural determinado. Se aceptan bajo el miedo de perder o lo que es peor miedo a perderse, el miedo a no ser amado/a, aceptado/a por nuestro clan (familiar u grupo de afines).

Ejemplos de Frases firmadas con “pluma envenenada”:

“sin ti no soy nada” se dicen algunas parejas promoviendo una relación de dependencia que responde a una baja autoestima y de donde se derivan graves consecuencias a nivel relacional.

“por favor no digas nada, porque le mataran” la creencia de que hablar o expresarse puede matar invitando directamente a silenciar emociones y guardar secretos.

“eres igual que tu tía: gorda y gritona” la familia te atribuye ya un perfil que para satisfacerles calcarás a la perfección.

¿Quién te impide realmente liberarte de dicho pacto? ¿Verdaderamente crees que hay algún agente externo que te obligue a…? ..¿Qué podría pasar si rompes ese acuerdo?.. ¿Cómo visualizas esa unión?..  Te proponemos acompañarte en ese autodescubrimiento a través la metodología de memorias prenatales.

Por Sandra Ortiz Torrejón.  Psicóloga y Psicoterapeuta de las Memorias Prenatales