Entradas

Quiero compartiros un par de testimonios de personas que tuvieron un gemelo o gemela durante su gestación y que murió en las primeras semanas.

Estas pequeñas narraciones pueden daros una idea de lo que significa haber pasado por esta experiencia

Me di cuenta que el próximo 12 de mayo me había comprometido a asistir a un curso sobre enfermedades graves en valencia, incluso compré los billetes en diciembre pasado. Esto lo olvide . hasta aquí nada importante, decidir y nada más.
Así que decidí ir a Barcelona y que C., mi esposa, fuera a Valencia sola y nos encontraríamos en el aeropuerto de Sevilla el domingo 14 por la tarde.
Y qué sucedió ? Algo que debería ser anecdótico me ” hirió” interiormente.
C. me dijo que llegaba a las 6 y yo más tarde y que no me iba a estar esperando en el aeropuerto tanto tiempo…..
En lugar de centrarme en la solución me invadió una profunda sensación de abandono y me sentí mal.
C. se dio cuenta e hizo esfuerzos para equilibrar ese momento.

Intenté razonarlo. Filtrarlo….. pero el dardo me dio de lleno. Me tumbó en ese momento.
La huella gemelar se reactivó con dolor de una forma inconsciente. Rápidamente y dolorosamente. …y lloré …

Como lloran los niños cuando no se les ve…..

Hoy estoy mejor y no permito que esa emoción me atrape.”

L.H.
Me era imposible disfrutar cuando salía sola con mis amigas. Mis pensamientos estaban constantemente con mi pareja, pensaba lo bien que lo pasaría si estuviera ahí conmigo, pensaba cómo se estaría sintiendo él sabiendo que me divertía sola, no conseguía estar realmente presente.
Era como si mi alma estuviese enganchada a él y sólo mi cuerpo se había ido a dar una vuelta por ahí.

Cuando me quedaba sola en casa porque él tenía trabajo y volvía tarde, no hacía nada más que matar el tiempo esperando el momento de su vuelta. Era como si vida quedase en suspenso si no estaba con mi pareja al lado.
De hecho yo sentía que mi vida sin mi pareja no era nada. Sólo un gran vacío.

Cuando me trabajé la huella gemelar comprendí de dónde me venían estas sensaciones y las pude liberar.
Hoy disfruto mucho de estar con mi pareja, pero si no está, también lo disfruto. Me siento más completa y mi pareja ya no es aquel sol que deslumbraba todo lo demás. Es la persona con quien comparto una parte de mi vida y porque así lo elijo.”

N.G.

Haber venido acompañados por un gemelo o más deja una profunda huella en nosotros. Y esta huella puede tomar muchas apariencias: dependencia, sentimiento de abandono, soledad, vacío, posesividad, miedo constante a perder al otro, miedo a entregarse en una relación y muchos otros matices.

Hablamos de las consecuencias de una pérdida y de un duelo no reconocido. Y hasta que no tomamos conciencia de esta experiencia y le damos su lugar en nuestra historia, esa huella sigue influyendo en nuestra vida afectiva sin que podamos hacer nada por que cambie.

Catherine Hansen, Terapeuta de las Memorias Prenatales
Asociación Europea de las Memorias Prenatales

En estas fechas navideñas solemos hacernos conscientes, más que en otras épocas del año, de cómo están nuestras relaciones afectivas con la familia.

Aún siendo fechas de reuniones y compartires, suelen estar cargadas de conflictos y malestares. No nos damos cuenta de que todas las viejas historias y deudas emocionales se activan en todo su apogeo cuando nos vemos obligados a celebrar juntos, muchas veces sin sentirlo ni desearlo. Entre turrones y champagne, esa cercanía impuesta nos despierta memorias y nos abre la herida.

Y estas viejas historias son las protagonistas del artículo de hoy. Podríamos enfocarlas desde muchos ángulos, pero del que quiero hablar hoy es el del territorio. Muchos conflictos que se viven en el seno de las familias tienen que ver con el espacio que se ocupa, el rol que se tiene y la repartición del amor.

El concepto de territorio está totalmente ligado a esta realidad material en la que entramos una vez somos concebidos. Es cuando empezamos a desarrollar un cuerpo hecho de materia, que se alimenta y que interactúa con el entorno.

Así que el primer territorio en el que vivenciamos lo que significa ocupar un lugar, es en el vientre de nuestra madre. A nivel biológico nos parece obvio que ese cuerpecito de embrión, que empieza midiendo unos pocos milímetros, acabe por ocupar todo ese espacio intrauterino y nos es difícil creer que ese Ser pueda no sentir que realmente ocupa su lugar. Pero ya sabemos que la realidad material y nuestro resentir emocional pueden diferir radicalmente.

Hay diferentes motivos por los cuales un bebé puede tener la sensación de no poder ocupar su lugar.
El más importante es el hecho de no haber sido buscado por los padres. Un bebé no deseado puede sentirse como un okupa e intentará, en la medida de lo posible, no hacerse notar. Ese bebé, una vez adulto, tendrá muchos resentimientos que aflorarán en las reuniones familiares, porque seguirá sintiendo que no tiene un lugar en esa familia. Se sentirá excluido, ignorado o incluso burlado o atacado por los demás.

Si hay presencia de hermanos eso puede hacerse más notorio. La comparación es inevitable y suele ocurrir que se hace diferencia entre hermanos, favoreciendo más a unos que a otros. Pero hay algo más que alimenta la competitividad y el conflicto con los hermanos. 
Se trata de la memoria del gemelo.

Haber tenido gemelo y haberlo perdido es una experiencia que deja muchas marcas, dos de ellas muy importantes para nuestras relaciones futuras en la familia.
Una puede ser la culpa. Muchas personas ya vienen a este mundo sintiéndose culpables de no haber podido hacer nada por salvar a su hermano o hermanos, o incluso llevan la culpa de haberle hecho algo directamente para que desapareciera. Hay personas que recuerdan haberse sentido invadidas en su espacio intrauterino por la presencia del gemelo y haber deseado que se fuera y creen que no hicieron nada adrede.
Esta culpa hará que en su familia tomen un lugar de segundo plano, sin pedir nada, sin reclamar para si, pero sintiendo un profundo dolor y rencor por ser menos que los demás. Se auto-excluyen y luego se sienten mal por no tener los mismos derechos que el resto de hermanos o familiares.

Otra es el enfado por ser abandonados por el hermano gemelo. Esta pérdida le resulta totalmente incomprensible al bebé superviviente y siente un gran enfado por quedarse desamparado sin compañero de juegos y sin apoyo para salir al mundo de fuera.
Este enfado luego lo proyectan en los hermanos nacidos después. Internamente se les recrimina no haber nacido al mismo tiempo, sino después, y esto causa muchas rencillas que se mantienen hasta la vida adulta. Además sienten muchos celos de ellos, porque sienten que son más importantes, que reciben más atenciones que ellos. Y esto no es sólo porque son más pequeños, sino porque cargan con esa culpa que les hace sentirse menos en general.

Otra causa de malestar y conflicto en la familia, que también tiene su origen en la huella gemelar es la confusión de roles. Muchos rencores en los hijos hacia sus padres es que o bien el padre o bien la madre no hacen el rol que les toca, sino que hacen más de hermanos o incluso gemelos. Esto crea mucha confusión en esa relación de padres-hijos y además genera una sensación de soledad o ausencia de figuras referentes para el hijo o hija, que no quiere una relación fraternal sino una relación de límites, protección y reconocimiento. La falta simbólica de padre o madre hace que las relaciones se tornen tensas, teñidas constantemente por ese rencor.

El encuentro con el gemelo perdido tiene un efecto sanador inmediato en nuestras relaciones con los padres y hermanos, en primer lugar porque damos a cada uno el lugar que le corresponde, incluidos nosotros mismos. Nos ayuda también a hacernos cargo del enfado y tristeza originales, arreglándolo directamente con quien estuvo implicado en esa experiencia primera, que fue nuestro gemelo o gemelos. Esa primera relación íntima de amor y compañía la dejamos de sentir con rencor y culpa y surge el amor y la comprensión, que se expanden hacia nuestra familia y hacia nuestras relaciones afectivas en general.

Sobre todo salimos de la creencia de que hay algo malo en nosotros, de que no nos merecemos nuestro lugar en la familia y eso hace que lo ocupemos sin tapujos, poniendo límites donde es necesario y reclamando lo que es nuestro desde el amor.

Por Catherine Hansen – Terapeuta de las Memorias Prenatales